New Age y feminismo
- 13 oct 2021
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En los años 60s, se popularizaron una serie de creencias y prácticas espirituales, sociales y políticas que promueven los cambios personales y sociales a través de una transformación espiritual. Se le llamó movimiento New Age y llegó para quedarse.
El orientalismo, ocultismo, medicina alternativa, astrología y espiritismo son algunas de las prácticas que encajan dentro del movimiento New Age y se cree que derivaron de otras religiones y filosofías ya existentes. Karlyn Crowley, autora del libro “Feminism’s New Age: Gender, Appropriation, and the Afterline of Essentialism” (mi principal fuente para este artículo), afirma que la humanidad ha vivido un despertar espiritual durante los últimos 30 años, derivado de una crisis espiritual y una búsqueda de reorientación (fair enough), lo que ha generado otro boom de las prácticas New Age and la actualidad.
Pero, a pesar de la fuerte popularización, las críticas que siempre han acompañado a las prácticas New Age han prevalecido: desde llamarlas una pseudociencia, un fraude, autoayuda o una industria cuyo único objetivo es vender. Sin embargo, Crowley afirma que lo que la academia ha fallado en analizar en lo New Age es la perspectiva de género, ya que, especialmente para las mujeres, estas prácticas han sido protagonizadas por ellas. Aún así, los pocos comentarios sobre la relación entre “religión” y género se enfocan en que las prácticas New Age no son empoderantes a las mujeres porque no las motivan a realizar cambios sociales.
Históricamente, las mujeres han tenido una gran relevancia en temas de espiritualidad. Confinadas siempre a lo privado, no es de extrañar que la religión fue siempre algo muy femenino, pero también representó un campo en el que las mujeres podían tener cierto nivel de voz o poder, especialmente en prácticas como el espiritismo y la brujería. A pesar de que algunos autores critican que estas prácticas no son empoderantes para las mujeres, en el caso particular del espiritismo previo al New Age, hubo una fuerte correlación entre la práctica y los grupos de mujeres sufragistas, además de que solían tener una tendencia a favor de la abolición de la esclativutd y el amor libre (al menos, la minoría). La autora afirma que a través del ejercicio del espiritismo, en el cual muchas mujeres tenían papeles protagónicos como “médiums”, las mujeres obtuvieron la confianza que necesitaban para reclamar sus derechos básicos en un plano más terrenal y político. Igualmente, la filosofía New Thought podría considerarse, incluso, ligeramente feminista: afirma que las mujeres y los hombres son iguales y que las mujeres pueden cambiar a la sociedad. Sin embargo, también habla de virtudes femeninas como la maternidad, lo cual no es algo que necesariamente todas las mujeres deban ejercer (💚). Pero, sigue resultando un avance contra una religión católica, la cual instruye a las mujeres en la culpa, el rechazo al pecado y la sumisión ante Dios y el hombre.
No nos debe sorprender entonces que de 1960 a 1990 se popularizó el New Age (un poco influido por el movimiento hippie también), a la par que ocurría la Segunda Ola del Feminismo. Esta segunda ola fue increíblemente importante en la historia, pero también estuvo rodeada de muchas críticas respecto a que la mayoría de las feministas que la conformaron eran blancas, burguesas y cisgénero. Es por ello que es imposible hablar del movimiento New Age y las mujeres, especialmente de aquellas religiones o prácticas cuyo origen se remonta a África y, en general, a la comunidad negra.
La autora aborda el tema de una intersección entre lo racial y el género, enfocada particularmente a un fetichismo de parte de las mujeres blancas de las culturas orientales, negras y nativas, una “apropiación cultural”. La autora igualmente cuestiona si dicha apropiación siempre es mala y pregunta si podríamos tomar la práctica de las mujeres blancas como un espacio de intercambio y aprecio por otra cultura. Sin embargo, concluye que aunque exista esta relación de admiración o aprecio de parte de las mujeres blancas a las prácticas que originalmente eran negras, nativas de América u orientales, no se puede borrar la huella del colonialismo y la esclavitud. Habla incluso, de que las mujeres blancas tienen “el inconsciente hábito de apoderarse” (ownership). Adicionalmente, a pesar de esta relación de aprecio en lo religioso, dicho sentimiento no suele reflejarse en el plano sociedad y no hay cambios en la relación de poder.
Pero, para algunas mujeres negras retomar estas prácticas originarias de sus ancestros es increíblemente empoderante. Creo que si consideramos la historia de la comunidad negra (con este pasado colonial y de esclavitud), debe ser realmente satisfactorio poder ejercer tu identidad y la de tu gente con libertad. Encontrar, al final, un espacio al cual perteneces y obtener cierto poder o autoridad.
Mis conclusiones son que, cualquier religión, práctica o filosofía que te funcione es válida, mientras todo se haga en el marco del respeto a otros seres vivos. Mi segunda conclusión es que existe una necesidad de que las prácticas religiosas tienen una responsabilidad de empoderar a las mujeres o, si lo vemos de otra forma, las mujeres tienen una obligación de empoderarse a través de dichas prácticas. Parece ser la repetición del mismo patrón de siempre: las mujeres tienen que seguir únicamente esta práctica porque esta es la correcta y la que espero de ellas. Me parece que no necesariamente las religiones tienen que empoderar a las mujeres: al final, es una práctica religiosa y/o espiritual y su objetivo es traer respuestas a algunas preguntas existenciales y, quizás, dar alguna guía en esta abrumadora experiencia humana.
Si además esta religión o práctica te hace sentir empoderada no le veo nada de malo tampoco. Y si bien creo que estar empoderada no necesariamente está correlacionado con el cambio social en lo público, puede ocurrir. Muchas mujeres que en la actualidad practican la brujería, les interesa la astrología o el espiritismo pueden sentirse empoderadas por estas prácticas. Al final creo que el movimiento New Age dio un espacio a las mujeres que buscaban una alternativa a las religiones ya existentes, las cuales, en definitiva, nunca ni muy feministas y ni siquiera hechas para el bienestar femenino. En la religión católica, por ejemplo, a la mujer se le abruma con la idea de la culpa, la sumisión y el castigo porque Eva se comió la manzana.
Tampoco significa que el movimiento New Age es sinónimo de feminismo, pero creo que dio un espacio en el cual las mujeres pudieron empezar a tener voz y poder. Transformarse en una médium que habla con los muertos, en una bruja que puede controlar el universo a su favor o en una astróloga capaz de adivinar lo que ocurrirá según la ubicación de los astros suena, también, a la oportunidad de alcanzar un poco del poder que las mujeres hemos perseguido por años. No queda más que decir que: felices prácticas y feliz Halloween.



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